Estamos siendo parte de un proceso de construcción política que puede marcar un antes y un después para las pretensiones y anhelos de cambio de muchos y muchas. Como hace mucho tiempo no ocurría -tal vez demasiado-, se vislumbra una ventana para empujar las necesarias transformaciones estructurales del actual modelo político y económico chileno. El Frente Amplio (FA) en ese sentido representa el surgimiento de una nueva fuerza política que reconfigura el escenario político nacional y abre la posibilidad de poner en cuestión la hegemonía neoliberal que ha dominado por más de 40 años el curso de los acontecimientos en el país.

Desde su conformación como organización política y social, Nueva Democracia se declara frenteamplista, siendo pieza fundamental en la construcción política y programática del FA, siempre desde la izquierda como referencia política y con un horizonte claramente anticapitalista y socialista. Desde esa posición buscamos jalar el devenir del FA hacia una profundización de las demandas de cambio y en vinculación con el mundo del trabajo y el mundo popular.
La primera vuelta y el éxito electoral obtenido por el FA culmina esta primera etapa de construcción. Tales resultados nos hacen soñar en grande y nos plantean enormes perspectivas y mucho más grandes desafíos y responsabilidades. Ello nos obliga estar a la altura de las circunstancias, lo que implica antes que todo desarrollar una profunda reflexión política que nos entregue bases sólidas para consolidar una línea de trabajo de incidencia efectiva tanto dentro de la izquierda como dentro del FA.

En esa línea, el debate debe ser franco y abierto, partiendo por lo que se ha hecho y dejado de hacer y, luego, lo que se debe llevar a cabo para proyectar un horizonte de construcción y de disputa por la hegemonía.
La presente publicación busca ser un espacio de análisis político, discusión e intercambio de ideas, abierto a todos/as aquellos/as que aspiran a rebelarse frente a la asfixiante domesticidad que se nos impone y, por tanto, se sienten convocados a responder al incontrolable impulso de pensar una sociedad futura emancipada. Ante el binarismo que opone civilización y barbarie, aspiramos a una rebeldía salvaje que, sin melancolía o nostalgia por el pasado, busque pensar un nuevo horizonte civilizatorio. A afilar colmillos y garras.

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