Una vez concluido el período electoral, el desafío se nos presenta como oportunidad. Hoy nos encontramos en un nuevo momento político que despierta el hambre de una izquierda que no baja las banderas ni se rinde ante el depredador.

Luego de un año de construcción y articulación político-electoral (y más escasamente social-popular), los resultados ubican al Frente Amplio (FA) en un lugar protagónico dentro del escenario nacional. Ahora bien, aunque el FA quedó en una posición expectante, fue la derecha la coalición triunfante en estas últimas elecciones y aterrizará sin lugar a dudas con un hambre voraz, aunque probablemente con mayor astucia que en el gobierno 2010-2014.

Lo llamativo del triunfo de la derecha fue que por más que quisieron adornar la cabeza de chancho, especialmente en segunda vuelta, con una alianza que parecía novedosamente diversa (con guiños al centro liberal), los últimos acontecimientos muestran que, a todas luces, con el triunfo de Piñera se está restituyendo al bloque conservador y sus ejércitos cívico, militar y religioso que, por más manzanas en la boca y camas de lechuga, no puede esconder la podredumbre de un cuerpo en descomposición.

Parece claro entonces que el Frente Amplio debe superarse a sí mismo y prevalecer en aguas turbulentas. Para ello es fundamental que, entre las tareas urgentes, pueda prefigurar un proyecto de sociedad transformador que sea distinguible y que haga sentido; logre reinventar su soporte orgánico, buscando ensanchar su capacidad de inserción/construcción territorial; y que sea capaz de reforzar su conexión política e institucional con los movimientos sociales y su alianza con sectores populares, desde donde deben surgir nuevos liderazgos.

Todo lo anterior nos sitúa en la bisagra entre un ciclo histórico que se cierra y uno nuevo que se abre, y ante la necesidad histórica de resituar a la clase trabajadora desde la actualización de las luchas, tanto las históricas (en el eje capital-trabajo) como las que se han abierto de manera irreversible (feminismos, descolonización, entre otras). A ponerse bravas y bravos entonces.