Lucas Cifuentes y Oscar Menares son Militantes de Izquierda Libertaria

Los resultados del 19N dan pábulo a pensar que, de mantenerse abierto en los próximos cuatro años el ciclo político inaugurado el 2011, las posibilidades de que el Frente Amplio (FA) acceda al gobierno son serias.

Con la misma seriedad entonces resulta necesario proyectar el contexto y posibilidades de un gobierno del Frente Amplio, el cual podría acceder con un tercio de los votos y una posición minoritaria en ambas cámaras, si es que asimismo obtuviera un tercio del Congreso. Esta situación, no obstante resguardar las debidas proporciones, sería muy similar a la acaecida hace 47 años, cuando la Unidad Popular accedió al gobierno con un tercio de los votos y un tercio del parlamento.

Aunque el contexto es distinto, el fondo refiere a una situación histórica que tiene similitudes en cuanto a la existencia de un proyecto que emerge en el agotamiento de un patrón de acumulación y un sistema político en franca descomposición, proyecto que, dicho sea de paso, esta vez no cuenta con masas movilizadas en defensa de un proceso socialista.

Lo anterior nos llama a abordar cuestiones claves como la necesaria caracterización de un proyecto de desarrollo que abandone las lógicas neoliberales, el problema de la democracia sustantiva en las sociedades de mercado, con particular atención a las amarras constitucionales que impiden transformaciones estructurales, y finalmente la recomposición de un sujeto movilizado en función de dichos cambios profundos.

Claramente todo parece indicar que estos nudos gordianos de una larga estrategia de acumulación de fuerzas de la izquierda son imposibles de desatar en estos 4 años de oposición al gobierno que salió de las urnas el pasado 17 de diciembre. Es más, no existen posibilidades de alterar el cuadro en términos estratégicos en el corto plazo, sea porque la estrategia de la izquierda involucra una larga fase de recomposición político institucional que marcha a la cadencia de los plazos y condiciones del marco jurídico-constitucional, sea porque no se vislumbra un mayor desarrollo de factores disruptivos de orden subjetivos claves para una nueva recomposición del arco de fuerzas políticas progresistas y sociales.

En este marco un gobierno del FA debe consolidar lo avanzado en el campo electoral, y en su gestión superar las lógicas neoliberales en la elaboración de las políticas públicas, enmarcar los proyectos de reforma hacia una sociedad de derechos y alterar el marco de representación política de clase en las instituciones del país, particularmente las más impermeables a la voluntad ciudadana tales como la Contraloría, el Tribunal Constitucional, la Corte Suprema y las Fuerzas Armadas. Lo anterior apoyándose en el carácter presidencialista del régimen vigente.

Abordar estas tareas implica reconocer un arco mayor al propio que haga posibles tales transformaciones. El FA tiene la tarea de conducir la construcción de un bloque por los cambios con otras fuerzas progresistas del país y consolidar una alianza con el mundo social que potencie el arraigo y la territorialización de una fuerza política capaz de defender el proceso de transformaciones. Esas son las tareas presentes para un conglomerado que debe primero darse una institucionalidad interna y aumentar sus niveles de densidad política, porque para ser gobierno primero se debe madurar.