María Graciela López es militante Nueva Democracia y coordinadora Mesa de Programa Frente Amplio

El desafío del Frente Amplio luego de recibir un 20,3% de respaldo ciudadano, compuesto en un 78% por inscritos nuevos (DecideChile, La Tercera 10 de diciembre de 2017), será construir y densificar aquellas ideas/propuestas con las que se logró encantar a más de un millón de adherentes y militantes frenteamplistas que apostaron por impulsar la instalación de una tercera fuerza política en el espacio institucional. El diagnóstico impulsado por lo sectores dominantes (respecto a que el acceso al consumo no había dado espacio a la emergencia de un malestar social) resultó ser hegemónico por mucho tiempo, mientras que la izquierda no había logrado hasta ahora emerger con un discurso con capacidad de disputar esa hegemonía.

En este contexto, el Frente Amplio logró dar cuerpo a un programa de gobierno a través de un proceso inédito en Chile, pues entregó la responsabilidad de elaborar este programa a la propia ciudadanía, la que se comprometió a dar cuerpo colectivo a sus ideas de país a través de la conformación de equipos (metodológico, web, en los Grupos de Apoyo Programático y audiovisual); de la participación en encuentros programáticos territoriales y/o autoconvocados en todas las regiones del país; de la definición de los disensos mediante plebiscito; y transversalmente a través de su participación en los comunales del Frente Amplio, que lograron situar en los territorios el proyecto emergente de la coalición, al menos en casi un tercio de las comunas del país.

No obstante, este Programa de Muchas/os, no constituye aún el proyecto político alternativo que nos permitirá salir del neoliberalismo y avizorar, aunque sea muy lejanamente, la emergencia de un nuevo modelo civilizatorio que ponga en tensión al propio capitalismo como modelo de organización económica y social.

Esta tarea está aún pendiente y nos interpela a dar la batalla de las ideas en todos los niveles de acción del Frente Amplio, reforzando lo aprendido en el proceso programático y que resultó ser una considerable fortaleza, como fue la construir desde los territorios y en alianza directa con la gente, con las organizaciones y movimientos sociales, algunos de estos niveles de acción en los que tendremos que construir y disputar el sentido común hegemónico, al menos deberían ser:

i. En la interna, como una invitación a construir un cuerpo teórico-político-ideológico extenso, no exento de matices y énfasis propios a cada organización, que desarrolle de cara al país lo que significan en la práctica los principios que hemos levantado como coalición y con que hemos convocado a miles a salir de la pasividad, esperando ver en qué se traduce esta nueva forma de hacer política.

ii. En el espacio institucional del parlamento, en la instalación de correlaciones de fuerza que habiliten las posibilidades de transformación que pretendemos como coalición, en el corto, mediano y largo plazo (impulsando la Asamblea Constituyente, como un ejemplo de ello) y que permitan seguir resquebrajando al bloque conservador dentro de la NM.

iii. En la relación con los movimientos sociales, debemos ser capaces de construir una complicidad estratégica que garantice los necesarios mecanismos de expresión y de presión desde la calle, ante la tentación de caer en una política excesivamente institucionalizada. En esta relación, debemos redoblar los esfuerzos en ser una herramienta útil para el impulso de sus demandas y el despliegue de sus estrategias y en colaboración constituirnos en mayoría.

iv. Por último, también se debe dar la batalla de las ideas de cara al país, desde un ejercicio fértil de apertura de la reflexión en torno a los problemas y demandas que nos planteamos como sociedad, desde la riqueza de la diversidad, y en donde las reflexiones sobre los posibles caminos de salida al neoliberalismo logren hacer sentido en poblaciones, universidades, ferias, canchas de futbol, juntas de vecinos, escuelas, a modo de retratar la transversalidad que requerimos lograr para constatar que hemos sido capaces de construir un proyecto alternativo y que este proyecto tiene verdadera capacidad hegemónica. Es desde el enclave territorial y en una alianza de clase que entienda la heterogeneidad de nuestra clase subordinada, la base de sustentación del proyecto alternativo a elaborar y consolidar.

Los últimos debates presidenciales, ad portas a la segunda vuelta, han mostrado justamente un vacío de proyecto que el Frente Amplio supo llenar en primera vuelta con una campaña programática, captando el descontento y la indignación diseminada de norte a sur. Si bien no ganamos las elecciones, sí ganamos la oportunidad de construir esta tercera fuerza y romper el mapa político con el que iniciamos nuestra apuesta como conglomerado; nuestro programa perdió en los números, pero sin embargo fue cualitativamente el que más discusión produjo, incluso logrando mover el cerco de la discusión en primera y segunda vuelta.

En ese contexto, tenemos una gran oportunidad en nuestras manos en estos cuatro años, que puede contribuir a darnos la fuerza para llevar a cabo las trasformaciones planteadas en estas elecciones para y con la ciudadanía, pero ciertamente esa oportunidad depende de nuestra capacidad como orgánicas, como coalición y como instrumento(s) de articulación político-social, de elaborar y consolidar el proyecto político alternativo que impulsará esta tercera fuerza y dar la batalla de las ideas en todos los espacios de inserción, siempre con los pies en la tierra.