Pablo Sepúlveda es militante de Nueva Democracia

Notas para la discusión

La emergencia del Frente Amplio (FA) como expresión política antineoliberal en el campo político, nos sitúa en un escenario nuevo, donde se impone como desafío principal la construcción político programática capaz de disputar la hegemonía neoliberal en el nuevo escenario político (para esto es menester caracterizar el nuevo escenario político y a quienes se les disputa dicha hegemonía) y cómo esta construcción político programática es capaz de proyectar un horizonte (no sólo ideológico declarativo) socialista.

El nuevo ciclo político

A) La emergencia

El consenso del Chile post-dictatorial es un consenso entre las elites políticas y el empresariado, que delimita la política como espacio de administración de las consecuencias del modelo de acumulación neoliberal. Así, la política se subordina a la primacía del mercado como verdad técnica y como proyecto de sociedad. La destrucción (por la vía física, de la cooptación de dirigencias, y de la disputa ideológica) de las organizaciones y sectores anti-capitalistas fue prácticamente completa, lo que configuró un espacio político atrofiado al que la izquierda sólo podía acceder desde posiciones de marginalidad y testimonio. Por décadas, las reducidas expresiones políticas de la izquierda quedaron encerradas en lo identitario, aislada de los sectores populares, aferrada a una suerte de suma de minorías, intentando infructuosamente conducir un malestar que era real, pero que más que construir hegemonía, se enfocaba en denostar a sus adversarios políticos y a esas mismas bases sociales que debía conducir.

Los procesos del 2006 y el 2011 (por dotarnos de referencias temporales generales) anunciaron, como síntesis provisorias, la emergencia política del malestar social con las consecuencias de la acumulación neoliberal. Esta emergencia se produce en gran medida a pesar de las estrategias de la izquierda anti-neoliberal. El estallido, sin embargo, no altera de modo significativo la conformación orgánica ni programática, ni la alianza de clases organizada detrás del sistema de partidos post-dictatorial. Como única excepción se produce el fortalecimiento relativo del PC, rápidamente cooptada mediante la creación de la Nueva Mayoría (NM).

En términos electorales, el año 2013 se produce una traducción política del naciente bloque anti-neoliberal, la que está fuertemente limitada por la falta de un desarrollo orgánico y político previo. El bloque se expresa de forma nítida en las candidaturas de Todos a la Moneda (TALM), Igualdad, Boric y Jackson. Un sector de la NM, por otra parte, incorpora dentro de su oferta electoral pública demandas instaladas por los actores antineoliberales, incorporando también a su esfera a algunos de estos mismos actores (fundamentalmente a sectores de Revolución Democrática).

La elección de Sharp en Valparaíso, corresponde a una iniciativa política que logra romper con la clausura electoral de sectores antineoliberales, en base a un esfuerzo autónomo de acumulación en disputa con ambas expresiones del duopolio. Es imprescindible señalar que el proceso de Valparaíso es resultado de una ruptura en el autonomismo, la que en síntesis quiebra con la tesis del incidir acuñada desde el 2006 por Izquierda Autónoma y, en el mismo proceso, realiza la tesis alternativa de construcción y disputa desde la fuerza propia.

En el caso de Valparaíso, el desgaste de la NM como alternativa cualitativamente distinta de la derecha, la reducción del padrón electoral disponible para que la NM reprodujera inmediatamente sus posiciones en el aparato estatal, la legitimidad social del malestar anti-neoliberal y la maduración orgánica de las fuerzas antineoliberales, dotaron de legitimidad a las fuerzas que convocaron la fundación del FA, como conglomerado político en disputa contra las fuerzas administradoras del neoliberalismo.

El cambio de ciclo que comienza a gestarse el año 2006, se expresa el año 2017 en la irrupción del Frente Amplio en el campo político nacional, la creciente legitimidad social de las demandas instaladas desde el 2006, y en un cambio importante en el comportamiento del electorado. No se expresa en un cambio en las orientaciones estratégicas de las dos grandes coaliciones, que dado su consenso básico (carácter del estado, exclusión política y dispersión orgánica de los sectores populares, entre otras) hemos denominado duopolio.

B) Un eje diferenciador en la coyuntura política: cambio de línea y cambio en la línea.

Sin caricaturizar, es razonable afirmar que la NM (Concertación, Fuerza de Mayoría, el gobierno actual) ha operado en los hechos como fuerza conservadora, en oposición programática a los proyectos post-neoliberales. Si bien la imagen de centro-izquierda de la Concertación se revitalizó incorporando al PC, su confrontación política directa con el Frente Amplio ha permitido que este posicionamiento profundo de la coalición quede expuesto con más claridad ante la población.
En contraste, el FA vino a ocupar y al tiempo a intentar construir un espacio de disidencia política respecto del consenso básico que organizó la política en la post-dictadura.

De lo anterior resulta más o menos evidente que el rendimiento electoral y el carácter novedoso del Frente Amplio radica precisamente en su distancia respecto de esta política post-dictatorial. La relevancia del carácter anti-neoliberal del Frente Amplio en el fenómeno de su irrupción, también se refleja en la disputa por apropiarse de esta bandera que actualmente comienza a entregar réditos políticos concretos por otros actores, no necesariamente asociados a la izquierda antineoliberal como proyecto político. Sin embargo, el anti o post-neoliberalismo es aún un horizonte brumoso e indeterminado, que ninguna fuerza dentro o fuera del FA actualmente ha logrado dotar de suficiente profundidad ideológica ni programática –aunque en este último aspecto el Frente Amplio sí haya desarrollado más avances.

La irrupción del FA se relaciona claramente entonces con la politización de un malestar social con el neoliberalismo, donde el desarrollo de su proyecto como fuerza pasará necesariamente por la elaboración de un proyecto político post-neoliberal, existiendo diferentes alternativas estratégicas en la realización de tal proyecto. En particular, identificamos la distinción entre un cambio de línea o un cambio en la línea del modelo político-social como una distinción crucial que parte aguas actualmente entre las fuerzas del nuevo bloque.

En términos sintéticos, el FA como cambio en la línea designa la estrategia de transformación en la que el cambio se expresa en la integración de una nueva fuerza a la política real tal como ya está configurada. De acuerdo a esta tesis, el FA debe lograr la representación de actores hasta ahora excluidos de la lucha político-institucional, realizando con el apoyo de dicha base un despliegue parlamentario y social (desde la movilización) que le permita incidir de manera decisiva en las definiciones del estado sin necesariamente socavar, como paso previo, la capacidad de representación (meramente formal, en nuestra visión) que la NM aún ejerce sobre sectores importantes de la clase trabajadora y las (por ahora, y a falta de una discusión más profunda de momento) nuevas capas medias.

La idea de la irrupción del Frente Amplio como cambio de línea, en cambio, postula que los resultados políticos (electorales, pero también en su vinculación orgánica con distintas organizaciones sociales) se explican por, y sólo son sostenibles y proyectables mediante, un cambio cualitativo en el campo político donde se inserta un nuevo eje de diferenciación radical entre fuerzas anti-neoliberales y fuerzas continuistas. Así, el proyecto político del bloque anti-neoliberal no puede pasar por tensionar el equilibrio político en la dirección de las reformas propuestas, sino en cambio por producir la obsolecencia de los equilibros políticos de la post-dictadura.

El cambio en la línea significa, entonces, incorporarse en un bloque hegemónico pre-existente (la centro-izquierda) para disputar internamente la dirección y temporalidad de su proyecto político mediante la fuerza acumulada hasta aquí. El cambio de línea en tanto apuesta a la destrucción (política) de este bloque mediante la formación de uno nuevo que socave sus bases sociales y capacidad de dirección, bloque nuevo al que deberán sumarse eventualmente sectores específicos de la NM y sólo mediante el quiebre orgánico efectivo con la alianza de clases y de elites políticas que hasta aquí ha representado, además de otros sectores antineoliberales y/o abiertamente anticapitalistas hoy fuera del FA. Se trata en último término de una disyuntiva entre profundizar en la tesis de la emergencia y subsecuente proceso de construcción o capitalizar rápidamente el fenómeno a través de la tesis de la incidencia.

Ambas estrategias, si bien han podido coexistir de manera más o menos funcional hasta el momento, entrarán en conflicto cada vez más explícito en la medida que el nuevo escenario político –con la irrupción del Frente Amplio como fuerza parlamentaria como elemento clave– se despliegue.

C) Las bases de apoyo del bloque anti-neoliberal.

Si bien la tesis de la emergencia política, se mostró acertada, es cierto también que otras tesis más específicas sobre la forma de la emergencia han resultado equívocas. Una de las más claras, era la idea de que la base de apoyo clave para el fenómeno político que se buscaba eran los electores desencantados de la NM.

Conocidos ya los resultados electorales, vale la pena detenerse no sólo en cuántas personas votaron por el FA sino también en quiénes lo hicieron. Lo que observamos es que el 78% de la votación de Beatriz Sánchez provino de mesas nuevas (mesas conformadas por votantes inscritos de forma obligatoria): es decir, principalmente de electores que no habían participado de las elecciones anteriores. Este resultado se reafirma cuando observamos que, si bien la abstención no varió de manera sustancial, el traslape entre el padrón activo este año y en las elecciones anteriores es claramente parcial.

Esto tiene varias implicancias políticas de gran relevancia. Por una parte, indica que el crecimiento electoral del Frente Amplio no se produce mayoritariamente disputando el histórico padrón clientelizado por la NM, sino que mayoritariamente incorporando electores que ya se habían marginado del mapa político que se ofrecía desde el consenso neoliberal. De esto se deriva una conclusión pesimista y una optimista. Por una parte, la capacidad del Frente Amplio de disputar los nichos de la NM sigue siendo muy limitada, por lo que las estrategias de acercamiento simbólico u orgánico parecen destinadas a un rendimiento político limitado. Por otra parte, la incorporación de un nuevo electorado, más joven y de carácter más popular que el vaticinado, permite pensar en que las condiciones para la formación de una fuerza propia real son más propicias de lo que imaginamos a inicios del 2017.

Por supuesto, las diferencias territoriales permiten argumentar sobre la relevancia relativa de esta observación en distintos contextos. Sin embargo, es necesario observar que las dos estrategias electorales, acercarse al nicho clientelizado por la NM y construir una base de apoyo político propia, son en gran medida (y sobretodo en el mediano plazo) excluyentes: la capacidad del (y de cada una de las fuerzas en el) Frente Amplio de convocar a esta nueva base social de apoyo está mediada por su capacidad de rechazar la política post-dictatorial y diferenciarse con claridad de la NM.
El escenario y las discusiones al respecto, están abiertas.