Por Tamara Ortega, integrante de Fundación Emerge

Es urgente anclar la lucha feminista en el sentido común, dejar de naturalizar miradas elitistas y poco clasistas que observan a las mujeres como el principal “sujeto” (y por tanto transversal) de cambio.

Ello implica superar la persistente necesidad de legitimar el feminismo dentro de las banderas de la izquierda y el socialismo. En vez de preguntar por qué la izquierda o el socialismo deben ser feministas, pensemos y activemos transformaciones concretas en nuestro entorno social, personal y político, teniendo al feminismo como lectura, estrategia y práctica política de izquierda.

Lo anterior implica también dejar de situar al feminismo exclusivamente como una demanda de cambio cultural. El feminismo debe ser principalmente una lucha política, y por supuesto económica, una que no pierda de vista las causas estructurales que la determinan, quienes las ejecutan y el papel que asumen hoy las mujeres organizadas. Así, el feminismo nos permite pensar y vivir la política de manera distinta, en su práctica y contenido, sin elitismo, sin privilegios, cueste lo que cueste.