Claudia Hasbún Faila es Directora Nacional de ANEF, en la Secretaria de Jóvenes

A lo largo de la historia es posible observar que las mayores transformaciones del mundo y de nuestro país surgen de los movimientos sociales encabezados por mujeres y hombres líderes, siendo muchos/as de ellos/as trabajadores/as, que luchaban desde la conciencia de clase para obtener mejores condiciones o simplemente justicia. Muchos hombres y mujeres dieron su vida buscando lograr estos legítimos anhelos. Cuántas mujeres bajaron de las salitreras acompañando a sus maridos obreros y fueron acribilladas en la trágica masacre de la escuela Santa María de Iquique, por ejemplo.

Hasta el gobierno de la Unidad Popular, los trabajadores tuvieron un rol protagónico. Es notable como la clase trabajadora se organizaba en torno a ideales colectivos que permitían unir a hombres y mujeres hacia la búsqueda del poder popular y la construcción de una sociedad socialmente justa.

Los años negros de la dictadura cívico militar de Pinochet con su política de exterminio y represión, hizo desaparecer todas las estructuras formales que fueran en contra de la imposición de una sociedad mercantilizada y neoliberalizada. Sin embargo, el movimiento sindical a comienzo de los años ´80, con mucho protagonismo, desarrolló acciones políticas para la recuperación de la democracia. « Ante un gobierno de derecha, la izquierda debería estar unida. AUNQUE Cabe preguntarse primero quienes hoy son realmente de izquierda y quienes comparten un proyecto político »Desde los ´90 en adelante, al recuperar la democracia, la Concertación luego Nueva Mayoría se tomó los espacios de representación de los trabajadores y las trabajadoras, posicionándolos al servicio de los intereses partidarios y/o de los gobiernos de turno. Esta situación provocó el descrédito de las organizaciones sindicales de nuestro país y el desincentivo a participar de ellas.

Hoy es posible observar un movimiento sindical debilitado, donde la CUT y la ANEF se ven alejadas del movimiento social, siendo incapaces de posicionar políticamente las demandas de la clase trabajadora y del contexto social en general, actuando reactivamente a lo que los gobiernos definen. No existe ninguna capacidad que les permita ser actores políticos gravitantes, que arrastren al gobierno y el parlamento a concretar las legítimas demandas.

El actual gobierno de Sebastián Piñera está empleando una estrategia político comunicacional que busca naturalizar situaciones y darle un valor positivo, para dejar relegado a un plano menos importante la garantía de derechos fundamentales de las personas y los/as trabajadores/as. Así es como vehementemente ha tratado de aprobar el estatuto laboral juvenil, que tiene como fin instalar la normalización de la contratación de estudiantes de educación superior por medio de la flexibilidad laboral, en pos de otorgar más garantías a los empresarios y precarizar el empleo juvenil. Todo ello por cierto dejando de lado el verdadero cambio estructural para este amplio grupo de personas que sería la total gratuidad educacional.

Lo mismo ocurre con el estatuto laboral para el adulto mayor, que establece como apropiado el trabajo de la tercera edad cuando, luego de entregar toda una vida, se esperaría un digno sistema de pensiones para la vejez, cuyo corazón sea solidario y no vendido al sistema empresarial por medio de la capitalización individual, como lo es hoy.

Ante este escenario, considerando también el corte ideológico de este gobierno, las estructuras sindicales requieren estar muy fortalecidas para afrontar las demandas de su clase, pero también muy relacionadas con el resto de las demandas sociales. Muchos dicen que ante un gobierno de derecha, la izquierda más que nunca debe estar unida. Cabe preguntarse primero quienes hoy son realmente de izquierda y quienes comparten un proyecto político en común. Solo por hacer peso a un gobierno opuesto sin compartir un horizonte común, la unidad es imposible de concretar y si se lograra seria superficial y nunca permitiría llevar a cabo los verdaderos cambios estructurales que se requieren.
A finales del año pasado el Frente Amplio fue capaz de dar esperanza a muchas chilenas y chilenos, pudiendo romper con el monopolio de la izquierda corrompida. Hoy somos una alternativa real de izquierda, logramos tener representación significativa en el congreso y estuvimos a poco de pasar a segunda vuelta presidencial.
Ahora nos compete internalizar que sí se puede, que podemos concretar nuestros ideales, que construimos Frente Amplio, desde lo estudiantil, en el congreso, en los municipios, consejos regionales, juntas de vecinos y también en el frente sindical. Es necesario reconocer a cada trabajadora y trabajador como una valiosa hebra del tejido social que nos llevará a la consolidación de un pueblo rebelde, feminista, socialista y autónomo.

En esta lógica nuestro desafío como frenteamplistas es ser líderes en la conformación de un polo potente, cuestionadores de las actuales conducciones, de las tradicionales agrupaciones, confederaciones y centrales, buscado salvaguardar la ética sindical y los ideales de justicia social, todo para recuperar el sindicalismo autónomo que propenda a la consolidación de las necesidades de sus trabajadoras y trabajadores.

Esto se puede lograr desde la convergencia de dirigentes de fuerzas de izquierda y del Frente Amplio, para disputar la conducción de esos espacios y recuperarlos. Existe un gran desafío, este es el momento de poder dar esperanza a la clase trabajadora, que en muchos casos es altamente precarizada. Ahora es cuando debemos desplegar la misma fuerza y esperanza que nos permitió avanzar a finales del 2017 hacia materializar un proyecto político que busca las mejores condiciones laborales de los trabajadores/as. Y que fuera además crítico de la conducción política del país, buscando transformar a la CUT y la ANEF en actores político sindicales gravitantes en el acontecer nacional.
Como Frente Amplio debemos reconocer al espacio sindical como un lugar potente de construcción social y convenir en hacer un mayor esfuerzo al que ya se ha desarrollado, en generar mejores condiciones orgánicas, de recursos y de prioridad política. De lo contrario no podremos ser protagonistas del nuevo tejido social.

Todos los frenteamplistas debemos sentirnos llamados a ser actores y actrices protagónicos/as en la tarea de romper la desidia y el individualismo, y atrevernos a ocupar espacios de representación social en sindicatos o asociaciones de funcionarios. Especialmente las compañeras debemos trabajar de manera colectiva para romper las estadísticas, que dicen que a pesar de que la sindicalización en las mujeres ha aumentado, aún no llegamos a ocupar los cargos de primera línea. Atrevámonos a ser protagonistas de los espacios de conducción social, a visualizar la lucha sindical como una oportunidad potente de construcción de poder popular y a potenciarnos entre nosotras para constituirnos en alternativas reales de dirección y liderazgo. RPS