Quizá parezca una pregunta trillada, incluso irrelevante en tiempos en que, para varios, la polaridad izquierda-derecha resulta una clasificación anticuada, incluso obsoleta para explicar los procesos sociales y políticos en el país y el mundo.

Creemos que no. En primer lugar, porque preguntarse por lo que significa ser de izquierda, especialmente para las fuerzas que se declaran anti-capitalistas, entrega siempre la posibilidad de actualizar el debate sobre el tipo de sociedad que queremos construir y cómo la vamos a construir. Y en segundo lugar, porque el actual escenario de contraofensiva neoliberal y de reacomodos políticos e institucionales, hace perentorio reivindicar pero también otorgarle profundidad a la posición de izquierda y el conflicto que plantea, que básicamente parte por entender que las condiciones de vida son producto que una construcción histórica (política, económica y cultural) y que por tanto pueden ser transformadas en beneficio de una mayoría excluida y postergada.

¿Estamos más cerca de la izquierda del siglo XX que la del siglo XXI? Una cosa es segura: un movimiento de izquierda para este siglo no puede permitirse negar la herencia marxista, aunque tampoco perderse en las peleas por frentes primarios o secundarios. Es así como el feminismo, el medioambientalismo y la lucha de los pueblos indígenas y afrodescendiente, antes subsumidos, son actualmente elementos de primer orden en tanto aportan una mirada universal, un cambio de paradigma necesario para cualquier proyecto político transformador y refundacional.
En la misma línea, una izquierda del siglo XXI debe asumir un debate serio sobre las estrategias. Y con ello no nos referimos meramente a estrategias comunicacionales, sino fundamentalmente al análisis sobre las maneras posibles de construcción popular -desde lo popular- a partir de las condiciones concretas de la sociedad chilena hoy. ¡A dejar entonces la domesticidad y el aullido, para sacar dientes y colmillos!