Tania Valenzuela Rossi es Consejera Regional Frente Amplio, Región de Valparaíso

Enfrentarnos a la pregunta qué significa ser de izquierda hoy, debiese ser un desafío permanente en nuestro quehacer como actrices del mundo político, pues este análisis nos obliga a mirar de manera objetiva la realidad en la que nos desenvolvemos, nos lleva a desprendernos de prejuicios y dogmas que muchas veces nublan nuestro juicio y limitan la capacidad de acción. El deber de cada militante de izquierda es siempre mirar el mundo que le rodea desde una óptica crítica y definir sus objetivos políticos en función de lograr transformaciones reales. Y cuando hablamos de reales nos referimos a acciones que en el día a día van a significar una mejor calidad de vida para quienes nos rodean, nuestros/as vecinos/as, familiares, etc.

Bajo esa perspectiva se presentan tres elementos fundamentales que requieren atención inmediata para dar un salto cualitativo en el trabajo que estamos realizando desde los diversos espacios –como frenteamplistas, pero también desde nuestros espacios de trabajo-. Estos elementos se pueden clasificar en las siguientes categorías analíticas: el discurso, la praxis y la identidad; espacios diversos pero que se atraviesan claramente por una mirada crítica que plantea la necesidad de actualizarse en las estrategias y objetivos, aportando a la construcción de una izquierda que conquiste adherentes y que sea capaz de enfrentar las amenazas que hoy vivimos por parte de la derecha dictatorial.

Desde la categoría del discurso, es fundamental trabajar reconociendo cuáles son los temas que hoy en día son nuestras debilidades, cuáles son las líneas discursivas que hoy en día no se encuentran actualizadas o en las que no hemos podido levantar alternativas creíbles. Debemos ser capaces de revertir ese sentido común que dice “votar por la izquierda es perder el voto”, y avanzar en un programa que contemple de manera propositiva, pero también táctica, aquellas temáticas que históricamente se han catalogado como “deudas” de la izquierda tradicional. Una tarea del mundo de la izquierda actual es avanzar en una propuesta económica que nos permita seriamente defender nuestros derechos sociales, pero que genere la confianza necesaria con quienes hoy están yendo a votar. De igual forma, enfrentar los problemas de seguridad, fuertemente pauteados por el monopolio de los medios de comunicación, de manera tal de entregar confianza de que somos capaces de gobernar, de legislar y de actuar en aquellos temas que la población siente como prioritarios.

Hoy en día nos encontramos con un bloque de izquierda que ha sido capaz de avanzar el trecho de manera significativa. La experiencia del Frente Amplio ha aportado a visibilizar a una izquierda responsable y que no teme hacer alianzas para concretar los objetivos definidos y que trabaja de manera articulada con las organizaciones que han levantado las diversas banderas de lucha. Pero la tarea no se queda solo en eso, el Frente Amplio todavía tiene puntos pendientes. Uno de ellos es profundizar esta línea discursiva que se ha logrado plasmar con algunos/as de los/as referentes parlamentarios, abordándola también desde las diversas orgánicas y referentes que se reconocen desde la vereda de la izquierda.

¿Cómo logramos esto? Siendo proactivos, dejando de lado principismos, egos y disputas infértiles, apostando por generar consensos, desde los cuales podamos avanzar y coordinar trabajos conjuntos. Abandonar la competencia que a ratos sale a la luz, apostando por el trabajo coordinado que permita avanzar en las tareas concretas y consecución de los objetivos trazados. Hoy en día nos encontramos a solo meses de haber iniciado un periodo importante; tenemos representantes frenteamplistas en diversos espacios institucionales y la tarea fundamental es lograr una coordinación que nos permita pensar de manera seria qué región queremos, donde nuestros representantes del FA le tomen el peso a esta tarea y prioricen los espacios de encuentro con la ciudadanía, y entre los/as diversos/as representantes para lograr tener una coalición con actores/actrices que verdaderamente representan los intereses de la mayoría, que entienden la trascendencia que hoy significa tener representantes de izquierda que estén a la altura de las necesidades del periodo. Esto significa que quienes estamos en cargos de representación, debemos asumir el compromiso de ser fieles representantes de los valores que han impregnado al proyecto frenteamplista, respetando los procesos de articulación y debate ampliado, poniendo siempre como prioridad el trabajo bien realizado por sobre las ganancias personales.

Desde el punto de vista de la praxis, tema en el que ya hemos anunciado algunas líneas, el debate de la izquierda debe estar centrado en cómo llevamos a la práctica, tanto desde el cargo que se representa, como también desde los trabajos que levantan las diversas orgánicas, los ejes discursivos que tanto tiempo le dedicamos a definir. Y en este sentido, es fundamental que asumamos la tarea de poner manos a la obra, potenciar que nuestras orgánicas o espacios de representación tengan una fuerte raíz en el territorio y que sea este cable a tierra el que nos entregue luces de cómo avanzar en la concreción de nuestros objetivos.

Pensar en ser de izquierda en el contexto actual nos obliga a mirar el presente, a analizar cómo se articula el capitalismo para atacar todos los aspectos de nuestra vida, como pretende desarticularnos a partir de desorganizarnos, dividirnos y plantar falsas contradicciones. Y en eso debemos ser inteligentes, bajar las banderas que la teoría mal entendida ha logrado instaurar por décadas, y reconocer que el trabajo que realizan diversas organizaciones en sus temáticas específicas, son fundamentales para lograr avances concretos que transformen nuestra realidad. Es cosa de recordar cómo se denigraba hace tan solo 5 años atrás a quienes se enfocaban de manera específica en el trabajo medioambiental o la lucha feminista, planteando que eran “pérdidas de tiempo”, que solo el trabajo sindical podía avanzar en verdaderos cambios. Hoy, nos encontramos con un escenario totalmente distinto, en que las diversas luchas están reconociendo y validando los trabajos que cada organización o agrupación está realizando, con avances sustanciales que han permitido incluso cambios legislativos impensados. Y es ahí cuando recordamos que el principal valor que debemos resguardar es el de la cooperación, comprendiendo que solo de manera articulada vamos avanzando en recuperar la dignidad que hace décadas nos fue arrebatada.

Finalmente, y sin pensar que es de menor importancia, el ser de izquierda hoy, con los ojos puestos en el futuro, nos obliga a trabajar en función de una nueva identidad cultural que sea capaz de conquistar desde la subjetividad, marcando un sello de trabajo de nuestro bloque.

Nuestro sello como agentes de transformación debe estar enmarcado en aquellos valores que hoy luchamos por reivindicar y/o resignificar: debemos ser profesionales, entendiendo esto fuera del marco de los estudios o títulos, sino como un sello en el trabajo que realizamos en todo ámbito; ser profesionales, responsables, comprometidos/as con toda tarea que asumimos. Por otro lado, debemos fomentar la colaboración y la no competencia; saber reconocer cuáles son los aportes que cada cual realiza en función de un horizonte común. Despojarnos de la competencia es tarea difícil pero no imposible, que requiere de un análisis permanente sobre nuestras acciones, muchas de ellas marcadas por años de cultura competitiva fomentada por el sistema escolar tradicional. Finalmente, debemos ser honestos/as en todo momento: respecto a los procesos, las responsabilidades y compromisos que se pueden asumir, las atribuciones y los límites que tenemos. Un sello fundamental de la izquierda hoy, es saber llevar estos valores en el día a día, demostrar que estamos a la altura de los cargos que hoy hemos conquistado, y por sobre todo, ser capaces de proyectar que nuestro trabajo coordinado puede ser transformador, incluso en las condiciones limitadas que nos permite la actual institucionalidad.

Una nueva izquierda, con actrices/actores a la altura de los desafíos que tenemos en el actual escenario es una necesidad imperativa. Tanto por los logros que ya hemos alcanzado, como por las proyecciones que vemos en conjunto con quienes nos vinculamos día a día. Las posibilidades de realizar transformaciones que vayan en beneficio de quienes nos rodean son reales en la medida que nos hagamos parte de aquellos procesos de unidad, de aquellos bloques de compañeros/as que están pensando en organizarse a pesar a de las diferencias. Y mientras más rápido entendamos que las diferencias no son excluyentes, mientras antes empecemos a trabajar de manera articulada, más preparados estaremos para enfrentar de mejor manera los escenarios que se nos vienen a futuro. Ahí están los desafíos que tenemos hoy quienes pensamos el mundo desde la vereda de la izquierda. RPS