Pamela Soto y Guillermo Piñones son militantes del Movimiento Autonomista, Región de Valparaíso

Si comparamos el mapa político nacional actual con el de fines de los ’90, qué duda cabría que estamos en presencia de un cambio de escenario. La otrora exitosa concertación (Nueva Mayoría) cuasi inerte como proyecto de centro-izquierda, la derecha en el gobierno tanto con un desafío refundacional como de permanencia y un emergente Frente Amplio, que a pesar de su reciente e inacabada formación, ha tomado un incipiente posicionamiento en la agenda política. Se evidencia un proceso de inflexión, de búsquedas y reacomodos, que abre la posibilidad de madurar un nuevo ciclo. No obstante, como todo proceso de tensiones e incertidumbres, no es posible predefinir el resultado de éste, si esta emergente fuerza tendrá el peso suficiente para incidir en ello, y por ende, si esto conducirá nuevamente a un pacto de élites dominantes. Puesto el escenario de oportunidad, pero a la vez de desafío, se vuelve a situar la interrogante del quehacer estratégico y de la posibilidad de transformación desde la izquierda.

Ante esto, lo primero a señalar es la necesidad de posicionarse críticamente ante el estado actual de la izquierda, y poner en valor el desarrollo de ésta en América Latina durante el siglo XX y los disímiles esfuerzos de reconstitución y avanzada en las décadas recientes. Si bien dichos esfuerzos movilizaron gran parte de las mejoras en las condiciones de vida en el continente a través de experiencias de gobiernos a distintas escalas, hoy se encuentran en un momento de reflujo, donde han brotado errores y cuestionamientos tales, que no han permitido cuajar la conformación de un proyecto de izquierda del siglo XXI nítido como expresión de los idearios colectivos de transformación a los que la misma tradición de izquierda apela.

Este primer acercamiento a la pregunta ¿qué es ser izquierda hoy? nos invita a aproximarnos desde al menos tres perspectivas de análisis: la primera alude a preguntarse por los contornos y límites del cambio de escenario político considerando los efectos de los gobiernos progresistas desde la actual avanzada de derecha en el Cono-Sur; una segunda perspectiva, se refiere a la necesidad de articulación de un nuevo sentido de izquierda dentro de la coalición que nos invita el Frente Amplio; y la tercera, que se pregunta por cuáles son hoy las expresiones de demandas y de transformación a incorporar en los procesos de emergencia política, y que necesariamente deberían estar presentes en sus propuestas, por ejemplo, la posición del feminismo.

Si revisamos el escenario geopolítico en el Cono-Sur podemos señalar que, a las dificultades y contradicciones de la avanzada progresista, la derecha logró reposicionarse con un discurso que ha capturado el interés político de votantes. Cabe preguntarse, ¿cuánto de esta avanzada implicó un efectivo retroceso político y económico de la derecha? Por ello, una primera tarea consiste en un cuestionamiento a la socialdemocracia desde el fracaso de las políticas redistributivas, los ‘quienes’ en la construcción de consensos nacionales y los límites de forjar democracias dependientes.

Desde la escena nacional la pregunta puede ser abordada a partir de interrogantes al lugar y sentido de las izquierdas al interior y exterior del Frente Amplio. Las modificaciones en el campo político que se expresan a partir de las últimas elecciones invitan a incorporar nuevos sentidos en los procesos de transformación política y social, que cuestionen el desarrollismo desde el Estado central, las implicancias de la adhesión popular electoral, burocracias partidistas, o la lógica metropolitana que han primado en la conformación del Estado-Nación, y que en el caso de Chile mantiene a las regiones del país marginalizadas, estableciendo con ello una relación de dependencia económica y productiva con la capital.

Dado lo expuesto, el pensar específicamente la tarea de izquierda en un proyecto que impulsa la modificación de las formas de relación, debe estar tanto en la incorporación de sectores y demandas sociales aún excluidos de la política oficial como en la modificación de las lógicas de acumulación del modelo. Son precisamente estos grupos aquellos que permitirán romper con los patrones homogeneizantes de una lectura trascendentalista de la izquierda, y con ello territorializar los discurso, las prácticas y la política. Por esta razón, por ejemplo, pensar la administración de un gobierno local desde un sentido colectivo, un sentido de co-responsabilidad debe ser aquello que oriente el desarrollo productivo y social, con el propósito de impulsar la autonomía de los habitantes, que a través de redes de colaboración puedan desarrollar otras lógicas de producción y relación. Tarea política que debe estar acompañada de la visibilización de las contradicciones y los límites de la operatoria política como herramienta de modificación de la institucionalidad. Es en suma, tener claridad sobre las oportunidades y límites de las disputas sociales e institucionales a nivel local y nacional, sus capacidades reales de transformación social e incidencia en el modelo de desarrollo, y a su vez, en la construcción de subjetividades que sustenten dicho sentido de transformación.

Discusiones, acuerdos y diferencias en puntos como los anteriormente descritos, hacen pensar que la labor inmediata para el Frente Amplio es abordar un debate estratégico flexible, asumiendo las dinámicas de convergencia y divergencia que entre los movimientos y organizaciones que la conforman, sin perder la amplitud y prevaleciendo la necesidad de proponer un proyecto de político de transformación al país, posible de impulsar desde este conglomerado. RPS