Por Pablo Mora es militante de Nueva Democracia, Temuco

Ser colonia de España para Latinoamérica es el evento fundante que otorga el sello de lo que hoy somos como Pueblo y del cómo nos pensamos. Cuando España nos invade o “coloniza” nos impone el idioma y con ello su modo de construir o estructurar la realidad social política y cultural, dejamos de ser quienes éramos en origen para ser un híbrido con el colonizador.

Ser hijos de un proceso colonizador implica un legado de derrota de lo indígena versus lo extranjero, implica relaciones sociales marcadas por la sumisión y el vasallaje, la consideración de lo externo como valor máximo en desmedro de lo propio o local, implica “por la razón o la fuerza” (normalmente por la fuerza) que te define un otro que además siempre sigue añorando su origen, cuyo referente principal no eres tú, ni tu particularidad, sino la de un otro con todas las consecuencias de enajenación que ello trae.

Por eso hoy, igual que ayer, nos es fácil adoptar nuevas expresiones idiomáticas y culturales, nuestra añoranza con ser lo que no somos, el pueblo que no quiere asumirse como tal sino como “clase media” una expresión de la indefinición como forma de escapar de una realidad de precariedad o de sueños incumplidos. Por eso resulta lógico doblegarse ante el “Patrón” al igual como por la razón o la fuerza lo hicieran los inquilinos, ante el político o el tecnócrata que habla difícil, porque “el sí sabe” respecto de cuestiones que yo no entiendo, y entonces dejamos que el externo, el otro, decida sobre nuestras vidas y nuestro destino individual y colectivo.

Lo que sigue tiene que ver con la invisibilización de lo indígena como otro síntoma del pensamiento colonialista. la expresión constitucional “todos somos chilenos” tiene como subtexto la anulación explícita de la diversidad de pueblo-nación que constituyen la sociedad chilena (Aymaras, Rapa-Nui, Mapuche), establece de modo factual la unicidad del territorio nacional y la subordinación al centro político y administrativo del país en la toma de decisiones. Homogeniza la población que habita el territorio nacional negando su pluriculturalidad y diversidad enriquecedora que la constituye.

El colonialismo implica finalmente naturalizar la relación: colonizador/colonizado, vencedor/vencido, patrón/inquilino. Implica naturalizar una relación en donde aquel que posee el Poder (político, militar, económico, de conocimiento o influencia) es entonces quien ordena y los desposeídos de tales poderes los que obedecen sin muchos cuestionamientos, o un pensamiento crítico que refute o que valide tales órdenes.

América Latina, tal cual como lo describe Amparo Ochoa, sufre hasta hoy la maldición de MALINCHE.