Cristián Ruiz Mercado es vocero del movimiento Coronel Despierta

Hablar de Coronel es hablar de una ciudad denominada por organismos ambientalistas como Terram y Oceana y otras, como zona de sacrificio ambiental y humano, en la que se perpetúan las injusticias clásicas de nuestras oligarquías –político empresarial- y en la que de manera genocida se aniquilan a más de 118.000 personas, hombres y mujeres, pero especialmente a niños, niñas, adultos mayores y mujeres embarazadas. Los que habitamos en Coronel y sus 30 kilómetros a la redonda (Lota, San Pedro de la Paz, Concepción, Chiguayante, Hualqui, Hualpén, Penco y Tomé) recibimos el 45% de la contaminación producida en las más de 4 centrales termoeléctricas, dos de ellas aprobadas por el plano regulador metropolitano a espaldas del pueblo por Jaime Tohá, ex intendente del Biobío el año 2003, militante PS, hoy diputado (el mismo que votó a favor del TPP11 que perpetúa este modelo depredador), con la aquiescencia de René Carvajal Zúñiga, alcalde de la época.

Quienes vivimos, trabajamos y desarrollamos nuestra vida en esta zona, hemos sido abandonados por un Estado chileno controlado por la oligarquía y las transnacionales extractivistas, que cometen con Coronel flagrantes aberraciones ambientales que toman el caris de crimen de lesa humanidad, y que han llevado a la migración forzosa de personas hacia otros puntos de la región, huyendo de los altos índices de metales pesados en el ambiente, producto de la combustión a carbón.

No hay compensación que devuelva la vida y salud de las personas de Coronel, las termoeléctricas no han invertido en mejorar sus estándares de emisión, más allá de entregar miserables dádivas como estufas o compensaciones en dinero, a partir de un convenio suscrito en su oportunidad por el homofóbico alcalde Leonidas Romero, -hoy diputado RN-, con diversas organizaciones sociales, sindicatos, juntas de vecinos y agrupaciones de adulto mayor, quienes se sienten clientes fidelizados de estas empresas, llegando hasta la negación de la catástrofe y justificando el costo contaminante a su vida, ambiente y salud, cambio de un plato de lentejas.

Algunas caras visibles de la contaminación son Cementera Polpaico, a 200 metros de una población de más de 40.000 habitantes ubicada en el sector Lagunillas al norte de Coronel, Colbún S.A. del grupo Matte y Endesa Chile, hoy italiana ENEL, esta última altamente responsable de la contaminación, según informe de la Brigada Investigadora de Delitos Medioambientales de la PDI (BIDEMA) el año 2017 y que en palabras de la propia fiscal a cargo de la causa (RIT 1931-2012) del Juzgado de Garantía de Coronel, doña Ana María Aldana, alcanza “parámetros que no habíamos llegado antes en ninguna investigación”.

Para ilustrar lo anterior, algunas de las conclusiones de diferentes estudios han demostrado que:

  • “Por más de 48 años se ha depositado material particulado en el suelo de Coronel, cuya composición química elemental presenta elementos en concentraciones que afecta la salud de las personas y el medio ambiente” (BIDEMA).
  • En Coronel se vulnera la norma de emisión anual en un 400%, según muestra recogida en febrero de 2018 (Fundación Terram).
  • Se aprecia un aumento explosivo de casos de niños con espectro autista, asperger (Departamento de Educación Municipal).
  • Aumenta la incidencia en un 32% de enfermedades renales crónicas, de enfermedades pulmonares obstructivas crónicas en un 15%, de cáncer de pulmón en un 50%, de cáncer de piel en 58%, y de un 26% de las consultas por salud mental. Asimismo, aumentan en un 60% la incidencia de distintos tipos de cáncer en los últimos seis años (cáncer de piel, hígado, útero, etc.) (Departamento de Salud de Coronel).

Las organizaciones sociales de Coronel hoy están movilizadas y alertas ante la grave violación de sus derechos humanos. Y es que no podía ser de otra forma. Esta historia de valentía del pueblo coronelino comienza hace más de 117 años, desde la primera huelga en marzo de 1902, donde se exigía el pago de salarios en forma mensual y en moneda legal, y no cada dos o tres meses y en forma de vales o fichas, como era la costumbre.

Tomando la posta de esa historia de lucha, a inicios del 2018, una organización de base social, de izquierda, feminista y ecologista llamada Coordinadora Coronel Despierta, se ha posicionado como una institución que educa, sensibiliza y concientiza a la población de Coronel y el Gran Concepción con intervenciones, funas e irrupciones ante las autoridades políticas del gobierno regional, gobierno local, autoridades ministeriales, y se instala en la academia con foros conversatorios, denunciando la calamitosa situación de esta comuna, que tiene contaminado el aire, suelo y napas de agua dulce y bahía del mar de Coronel con altas concentraciones de metales pesados.

Nuestra lucha es lograr una verdadera institucionalidad en materia ambiental, poderosa al servicio y protección de la madre tierra y del ser humano. Actualmente, nuestra legislación ambiental carece de una verdadera participación de las comunidades, para que estas sean supervigilantes de los derechos de las personas, y más bien parece un traje a la medida de los grandes grupos económicos y transnacionales.

Coronel no vale menos que otras comunas como Santiago, Vitacura o Las Condes. Vivimos personas de esfuerzo, profesionales, obreras, estudiantes, muchos herederos de la primera generación de coronelinos, como en mi caso, hijo de un ex minero y una manipuladora de alimentos. Nos sentimos chilenos igual que el resto. Más aún, sentimos que históricamente hemos aportado enormemente a la riqueza del país, como polo industrial y fuente de energía.

El pago que se nos ha dado, sin embargo, ha sido el abandono, más aún luego de los cierres de la industria carbonífera en los años 90 y las malas políticas reconversión y de desarrollo ejecutadas por el Estado, y posteriormente dejados como “zona de sacrificio”, es decir, como personas desechables, de segunda o tercera categoría.

Aquí se están cometiendo crímenes de lesa humanidad, a través de la instalación de proyectos extractivistas que lucran a costa de nuestra sobrevivencia, asegurados en la espúrea, precaria y antidemocrática Constitución Política que nos rige. Exigimos que no se siga matando a nuestra gente, ni violando su derecho a una vida digna y libre de contaminación.