Por Saguaro

Llama la atención el lavado de imagen que se está haciendo por estos días de aquellos que pactaron el fin de la dictadura cívico-militar, tanto de la concertación como de la derecha, a propósito de los 30 años del triunfo del “No”.

Aparentemente deberíamos sentirnos orgullosos de un proceso ejemplar, que otros países en el mundo debiesen admirar e incluso envidiar.
Resulta que ahora todos son grandes estadistas. Y por cierto conductores de un proceso que logró encausarse bajo “parámetros institucionales”. Llega a ser insultante que varios pinochetistas aparezcan ahora como “actores clave” para el retorno a la democracia.

Cuando veo y escucho todo eso, pienso que no distingo a muchos (con figuración mediática desde este lado de la trinchera y más allá de la política millenial del Twitter), que puedan hacer justicia con la historia, y reivindicar como protagonistas del triunfo del plebiscito a quienes en las poblaciones se organizaron y enfrentaron el miedo, marchando, haciendo propaganda, peleando los votos para que la dictadura se viera obligada a ceder.
Por el contrario, veo a varios bien abrazados y cantando la canción del “No” junto a los mismos que luego del plebiscito le dieron la espalda al pueblo organizado y comenzaron a pactar una salida a tono con los poderes fácticos y el imperio, y a darle un barniz democrático a un modelo hecho a la medida de los ricos.