Agnieszka Bozanic es Fundadora de GeroActivismo, movimiento que promueve una visión positiva del envejecimiento y la vejez

La discriminación se define comúnmente como aquellos actos, prácticas y conductas que suponen un trato diferenciado hacia una persona, grupo u organización, basándose en características particulares. Recientemente, un estudio acerca de la percepción de discriminación de los chilenos reveló que el 73% ha sentido algún tipo de discriminación a lo largo de su vida, en donde el 34% respondió que fue discriminado por edad (Visión Humana, 2018). Esto demuestra que el edadismo en nuestro país es real, está presente y se ha extendido.

El edadismo es una forma de discriminación sutil y escasamente reconocida. Se basa en estereotipos, prejuicios y mitos negativos acerca de la vejez y el envejecimiento. Éstos son producto de una construcción social que subordina a las personas mayores al modo de una “profecía autocumplida”: los y las mayores se ven condicionados a asumir conductas acordes a lo esperable por la sociedad (Levy, 2017). Las formas que adopta el edadismo son múltiples y complejas. Podemos observar un micro-nivel donde el lenguaje toma el protagonismo: el elderspeak, una forma de microedadismo que se define como un estilo de comunicación condescendiente e infantilizador hacia las personas mayores, mediante el cual se producen fenómenos como ralentizar el habla, hablar más alto y usar términos cariñosos pero inapropiados (Gendron et al., 2016). A nivel macro, observamos el edadismo estructural en donde las instituciones sociales limitan y dañan a las personas mayores, impidiéndoles satisfacer sus necesidades básicas y alcanzar una calidad de vida adecuada (Galtung, 1969).

Desde un análisis unidimensional de este fenómeno, podemos decir que el edadismo es el miedo a morir reflejado en el “otro”. Lo que nos recuerdan las personas mayores es la finitud de la vida, nos evidencian que el envejecimiento es un proceso universal, intrínseco, progresivo y deletéreo (Jiménez-Hernández et al., 2010). Y en una sociedad donde la muerte es un tabú, no queremos ser ese “otro” que transita hacia el ocaso; preferimos identificarnos con la juventud (“divino tesoro”), menospreciando y muchas veces aplacando las huellas que deja el paso de la vida. En esta lógica absurda de querer vivir muchos años pero no envejecer, emergen actitudes discriminatorias y la gerontofobia, o miedo a envejecer. El edadismo es único en este sentido, pues a diferencia del racismo o del sexismo, la discriminación por edad es perpetrada y propagada por personas que algún día llegarán a ser mayores. Por lo tanto, estas actitudes y prácticas contribuyen a la propia victimización en el futuro (INADI, 2017).

En un intento de realizar un análisis sistémico del edadismo, podemos señalar que la discriminación por edad posee una estrecha relación con las ideologías y sistemas económicos capitalistas. Para nadie es un secreto que la utilización del miedo como herramienta de control social es una de las armas más afiladas del capitalismo (Klein, 2009). En períodos de “crisis”, el atomismo subjetivo (o “rásquese con sus propias uñas”) produce una división entre los ciudadanos a través de la justificación y la ejecución de la discriminación.

Entendemos que con “el otro” todo está bien en tanto su presencia no sea intrusiva, en tanto “ese otro” no sea realmente otro (Zizek, 2018). Ese “otro” adquiere características particulares: hombre, joven y soltero, es decir, un prototipo de todo aquello que considera de valor el capitalismo, entendido como un modo de producción que funciona por la acumulación del capital, explotando la fuerza de trabajo. En este contexto, el uso indiscriminado de la discriminación no es casual, sino causal. Las personas mayores adquieren ciertas cualidades que justifican la exclusión y el rechazo. Hay al menos dos imágenes colectivas creadas a partir de ideas sesgadas acerca de lo que significa ser mayor en periodos de crisis de la seguridad social y mayor gasto público gracias al envejecimiento demográfico:

(1) Las personas mayores son pasivas: las políticas sociales desde la década de los ochenta fomentan el imaginario que las personas mayores son free-riders de la sociedad, construyendo la idea de lucha generacional por los recursos. Los adultos mayores se aprovechan del trabajo colectivo de las generaciones más jóvenes, realizando esfuerzos comparativamente menores y obteniendo los mismos beneficios.

(2) Las personas mayores son explotables: la sobreexplotación del trabajo remunerado con sueldos paupérrimos disfrazados de buena voluntad, la expropiación del trabajo no remunerado disfrazado de amor, AFPs y pensiones de miseria disfrazadas como camino hacia el crecimiento macroeconómico. La política social chilena concibe a las personas mayores como objeto de asistencialismo, con una mirada restringida sobre el significado de la vejez.

Estos imaginarios son sustentados y reproducidos no solo por las instituciones chilenas, sino que es una política sistémica de las economías neoliberales. En palabras de la directora del FMI Christine Lagarde: “Los ancianos viven demasiado y es un riesgo para la economía mundial”, “…la vejez es un problema”. En el informe del FMI (2015) se analiza el denominado “riesgo de longevidad de la población”, identificándose el envejecimiento como una amenaza sobre las finanzas de las corporaciones y los bancos. Largarde exige a los gobiernos que reconozcan que el subvencionar el gasto del envejecimiento les puede crear un serio problema en el futuro, y que es un riesgo mayor para las grandes empresas. Para neutralizar sus efectos, se recomiendan medidas estructurales severas como aumentar la edad de la jubilación y recortar gastos sociales, entre otras. Por inverosímil que parezca, bajo esta lógica los mayores son un riesgo que debe ser eliminado, abaratándose a toda costa el costo de “mantenerlos”.

Así es como el capitalismo se convierte en el caldo de cultivo para el edadismo: justifica la marginación y exclusión de los mayores por la crisis del envejecimiento acelerado que vive nuestro país. Las imágenes estereotipadas son el medio por el cual se difunde magistralmente una realidad incompleta; estas imágenes son creadas para generar bandos entre los ciudadanos y así dinamitar la solidaridad intergeneracional, limitando la identificación y empatía con ese “otro” como el “yo” del futuro. Esta situación de vulneración tiene como consecuencias la invisibilización de las personas mayores y la falta de oportunidades equitativas de desarrollo y bienestar, derivando inexorablemente en pobreza y precarización.

Y es por esto que no importa cuántos discursos en contra del edadismo se viertan. Si no se entiende y analiza la génesis de este tipo de discriminación, jamás lograremos una lucha auténtica. Porque justamente eso es: una lucha por la justicia social. Hay que acabar con los discursos relativistas e imprecisos junto a aquellas conductas políticamente correctas que promueven acciones mitigadoras pero que no lograrán destruir al problema de raíz, pues se alejan del acto revolucionario y transformador que realmente se necesita. Y en esto último, el GeroActivismo se ha comprometido profundamente: si bien ha nacido como una plataforma digital para evidenciar el maltrato naturalizado en nuestro país, pretende mutar y posicionarse como un actor relevante en la lucha contra el edadismo.

Con esto, los invito a pensar en qué es lo que necesitamos para vencer la discriminación por edad en Chile.

Necesitamos políticas públicas desde un modelo social, colaborativo y no asistencialista. Políticas públicas que nos permitan observar cómo nos permea la ideología capitalista, y así generar una conciencia reflexiva de cómo un modelo que opera día tras día puede impactar de esta forma nuestras prácticas cotidianas, reflejadas desde el lenguaje común y corriente el cual escurre paternalismo, hasta el acto directo de rechazo hacia la convivencia con las/os mayores.

Necesitamos combatir el edadismo desde una perspectiva sistémica, observándolo como un problema país y no como un caso aislado. Es urgente comenzar a mirar este problema desde un imaginario histórico anticapitalista, sustentado desde una cultura basada en la reciprocidad y  cimentada en la solidaridad intergeneracional. Para enfrentar el reto demográfico que se nos presenta hoy, el trabajo no se debe enfocar sólo en los mayores sino promover mayor solidaridad entre y dentro de cada generación, para así lograr una sociedad más cohesionada en base a valores transindividuales.

Así y solo así podremos lograr cambios sustanciales y significativos, a favor de una sociedad equitativa y amigable. Porque, parafraseando la célebre frase de Malcom X, “no hay capitalismo sin edadismo”, queda claro que la abolición del edadismo será anticapitalista o no será.

Referencias

FMI. (2015). Informe Anual. Juntos frente a los desafíos.. https://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/ar/2015/html/index.htm

Galtung, Johan. Violence, Peace, and Peace Research. Journal of Peace Research. 1969;6:167–191

Gendron, TL,  Welleford EA, Inker J, White JT. The Language of Ageism: Why We Need to Use Words Carefully. The Gerontologist, 2016;56:997–1006. https://doi.org/10.1093/geront/gnv066

INAPI (2017). Discriminación por edad, vejez, estereotipos y prejuicios. http://www.inadi.gob.ar/contenidos-digitales/wp-content/uploads/2017/06/Discriminacion-por-Edad-Vejez-Estereotipos-y-Prejuicios-FINAL.pdf

Klein N. (2009). La Doctrina del Shock. Documental.

Levy BC. Age-Stereotype Paradox: Opportunity for Social Change. Gerontologist. 2017;57:S118–S126. doi:10.1093/geront/gnx059

Jiménez-Hernández Y, Pintado-Machado Y, Rodríguez-Márquez A, Guzmán-Becerra L, Clavijo-Llerena M. Envejecimiento poblacional: tendencias actuales. Psicogeriatría. 2010;2: 239-242.

Visión Humana (2018). Informe público Chilescopio. https://visionhumana.cl/portfolio_page/informe-publico-chilescopio-2018/

Zizek S. (2018). En el capitalismo tardío, el derecho de estar a una distancia segura de los otros, se vuelve un “derecho humano”. https://lanotasociologica.wordpress.com/2018/09/13/en-el-capitalismo-tardio-el-derecho-de-estar-a-una-distancia-segura-de-los-otros-se-vuelve-un-derecho-humano-slavoj-zizek/