Eduardo Cardoza es uno de los voceros del Movimiento Acción Migrante

Desde las organizaciones de defensa de los derechos de las personas migrantes, podríamos hablar de la ley sobre migración que se discute actualmente en el Senado, que esperamos que mejore en algo el proyecto antimigrante del gobierno (aunque sin muchas ilusiones). Podríamos hablar también del concepto sobre migración que maneja el ejecutivo y las consecuencias nefastas que viene teniendo en la vida de las personas. Podríamos mostrar cómo se utiliza la migración como populismo punitivo, con fines electorales, y cómo últimamente se utiliza a los migrantes para demostrar un supuesto interés en “políticas humanitarias”, las que por cierto son de una falsedad enorme. Podríamos ver como se utiliza políticamente a los migrantes venezolanos, mientras se los somete a las más crueles vulneraciones de derechos cuando son pobres, cuando no son “activos” para las politicas de gobierno actual y cuando llegan por la frontera norte.

Pero esta vez, vamos hablar coloquialmente de un aspecto de la “necropolítica chilensis” aplicada por los dueños del país hacia la migración y la diversidad toda: Los discursos de odio asociados a la identificación de un enemigo interno y sus consecuencias.

Los discursos de odio desde el poder matan

Los discursos de odio hacia los migrantes tienen consecuencias de desintegración social, que afectan al conjunto de la sociedad de forma muy prolongada.

Violentan y matan de formas muy diversas a los seres humanos (el racismo por ejemplo), desde la denegación de la atención de salud, pasando por los insultos en la calle, los golpes, la exclusión en trámites administrativos, el cierre de fronteras con arbitrariedades; en definitiva, complicar la vida al punto de afectarla de forma definitiva.

Y matan además, porque está probado que se comienza por las palabras y se continúan con violencias concretas contra los seres humanos concretos. Así ocurrió en los inicios del nazismo, en el apartheid y en muchas instancias menos conocidas y a veces vistas como “normales” pero conteniendo importantes niveles de violencia institucional o cotidiana.  Así se persiguió a sangre y fuego a los “izquierdistas”y junto con ellos los “extranjeros” cuando  se rompió el estado de derecho en el golpe de 1973.

Podemos preguntarnos ¿porque en muchas encuestas de opinión pública desde 2011 hasta hoy se mantiene con un 50% de apoyo la idea de que los inmigrantes deben tener menos derechos que los nacionales? 

De manera intencionada con fines electoralistas (para su permanencia o conquista del gobierno), los conservadores utilizan los sesgos de percepción, las fake news y los estereotipos que son constitutivos de los racismos existentes desde el origen del estado nación, para atacar a los inmigrantes.

Sin mirar las consecuencias, entre otras cosas clasifican, jerarquizan, cosifican, desprecian.

Estamos en el mes de septiembre, y hace 2 años Joane Florvil venía de ser detenida y condenada por la prensa y la opinión pública como la mala madre que abandonó su guagua, la que rápidamente fue entregada al Servicio Nacional de Menores (Sename), para “defender los derechos del niño”. Todo falso.

Una exposición interminable de errores, de falta de empatía, de juicios a priori y sin entender lo que ocurría. Así murió Joane, en medio de un mar de incomprensión racista, de juicios injustos y sin razón, de represión.

Claro, cuando se supo la verdad, cuando se fue a tribunales a reivindicar la honorabilidad de Joane como buena madre, ya era tarde.

Murió el 30 de septiembre de 2017. Su muerte sigue aun sin aclaración definitiva.

No sirvió que se reconociera posteriormente el mal proceder de Carabineros, funcionarios municipales, medios de comunicación y todas las mentes por ellos influidas. Se supo la verdad, Joane es buena madre, pero nadie la entendió, fue injustamente maltratada por el estado.

Jamás volverá a vivir, jamás será mamá para alguien que tiene una vida por delante.

Por suerte el Sename no siguió “cuidando”. La familia chileno-haitiana siempre es mejor que un organismo tan cuestionado. Quizá cuando cambie realmente ese organismo,  podrá confiársele el cuidado provisorio de niñas y niños, por ahora lamentamos que 1.500 menores de edad migrantes vivan todavía en esos recintos.

Lo tremendo de todo esto es que Joane no fue la última y le siguieron muchas muertes evitables más en sólo 2 años. Siguieron las violencias institucionales y también las cotidianas que duelen mucho.

Lo cierto en estas políticas del castigo basadas en racismo y la intolerancia, esa guerra contra toda la diversidad existente que tanto enriquece la sociedad, no son exclusivas y golpean a la migración ahora, pero desde siglos lo hicieron y hacen en el Wallmapu con los mapuches y los pueblos originarios, a las diversidades en sus diversidades, a todo lo que no se adecue a un padrón imaginario de lo que debe ser “chileno”.

No vivimos los mejores momentos para los derechos de las personas, aunque nada es estático y con las voluntades, con las energías, con organización, con fraternidad, con humanidad podemos contribuir a los cambios tan necesarios frente al mar de decepciones e incertidumbres existentes hoy.

Por eso nada está perdido. Desde las nuevas generaciones, desde los jardines y colegios hasta los jóvenes desempeñándose en los más diversos ámbitos de la sociedad de las formas más diversas también, empujan el surgimiento de una sociedad más inclusiva, más humana, mas vivible, más sana y respirable, más justa y más digna para todas, todos y todes.

Construir todos los instrumentos que hagan políticamente efectiva esa nueva conciencia emergente, no sólo es un imperativo para un mejor futuro, sino también para controlar, limitar la destrucción del presente.

Mientras tanto,  desde la sociedad civil, junto a la articulación social denominada “Justicia y Dignidad para todas y todos”, proponemos que hagamos del 30 de septiembre el Día de la Lucha contra el Racismo, y que sigamos construyendo este sentipensamiento hasta que sea un hecho en el corazón de la gente. 

Puede ser un grano de arena, de forma concreta, para colectivamente aportar al futuro inclusivo que tanto bien hará a la gente.

“Una gota con ser poco, con otra se hace aguacero” dice Daniel Viglietti en Milonga del andar lejos.