La Asamblea Feminista Yungay es parte de la Asamblea Autoconvocada del barrio Yungay

Pareciera que el tiempo fuera el mejor contador de historias

Hace un año el 8M en Chile preconizó en algunos aspectos la revuelta social que hoy estamos viviendo, sumándose a esto el mayo feminista del 2019 que vino a desmantelar los abusos por parte de los docentes indecentes que habitan en las universidades. Primero fueron las denuncias de la Universidad Austral que a punta de tomas llegaron a instalar el tema de los acosos, abusos y violaciones en la opinión pública.  Desde ese entonces que las/es santiaguinas/es no dudaron en ponerse a tono con la sororidad que se estaba requiriendo desde Valdivia y otras regiones. Así fue la antesala de lo que ha significado éste 8M2020, una jornada estremecedoramente potente e histórica, no sólo por la cantidad de mujeres que salieron a las calles, sino por el momento histórico que estamos viviendo. El 26 de abril habrá elecciones para decidir si aprobamos o rechazamos el inicio de un proceso constituyente, si bien, la demanda por una nueva constitución ha sido una demanda histórica que ha sonado con mayor fuerza en las calles desde el estallido social (18 de octubre), parlamentarios del oficialismo y de oposición llegaron a un “acuerdo por la paz”, a espaldas del pueblo, para definir como sería este proceso eleccionario. Acuerdo por la paz sobre violaciones sistemáticas a los derechos humanos en total impunidad reconocidas por diversos informes nacionales e internacionales de observadores de derechos humanos. Es por ello, que hoy seguimos en las calles, en diversos territorios a lo largo del país se han fortalecido las asambleas feministas, a partir de tres hitos fundamentales para el movimiento feminista: el Encuentro Plurinacional de Las que Luchan, la Marcha de Conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora y de la Huelga Feminista, a pesar de que el Gobierno ha venido frenando la revuelta con sus leyes represivas.

Entonces se nos hizo chica la cocina y no nos bastó con sólo denunciar las violencias, llorar el dolor, o reír la aventura de desmantelar el patriarcado. Nos organizamos. Estamos dando la batalla contra la impunidad, contra el terrorismo de estado de Piñera, por la creación de una nueva constitución popular, plurinacional y feminista; estamos luchando para que el Feminismo sea fundamental en este proceso político. Proceso que se inició en nuestras casas y terminó en las calles, porque para nosotras/es lo personal es político, por ello hemos visibilizado lo privado volviéndolo público. Donde nuestrxs cuerpxs dejan de ser invisibilizadxs y comienzan a existir para quienes no quisieron verlos, para quienes los mutilaron, torturaron, violaron o asesinaron. Fueron muchas las mujeres y disidencias quienes vienen luchando contra la mano patriarcal desde hace años. El legado y la experiencia de las mujeres que lucharon contra la dictadura, ha sido la antesala para el movimiento feminista de hoy, donde muchas mujeres reviven el terrorismo de estado. El domingo 8 de marzo en Santiago, fuimos más dos millones de mujeres ocupando la Alameda completa para repletar la calle y dejar en claro que no tenemos miedo, que nos estamos sanando y que estamos alertas para impedir el paso del que quiera seguir hundiendo nuestra política de vida con su asqueroso machismo.

Esto fue histórico, no sólo por la fuerza que ha tenido el movimiento social en chile, sino  por la consciencia de las nuevas generaciones de mujeres y disidencias que han salido a defender el legado de sus ancestras, que están cansadas de los abusos por parte de la patronal misógina, de las malas parejas, de amigos, hermanos y compañeros,  salieron las que están cansadas de que los afectos siempre estén en manos de las mujeres, el cuidado, el amor y el cariño, como si fuéramos una maquina con tales recursos emocionales inagotables. Y aquí me detengo porque han malinterpretado muchas veces ésta lucha que damos, porque cuando nos referimos a los afectos, es decir, nos referimos a la politización de nuestros espacios íntimos; hasta ese espacio sagrado y propio lo hemos cuestionado. Nos cansamos  que el amor sea una manifestación viva del patriarcado;  que nos siga matando con su filosofía barata de «quién te quiere te aporrea» «los celos son muestras de amor» Ya no más buenos afectos con una patria que se echa a los bolsillos las necesidades de la mapu, de nuestra tierra, de nuestros ríos, de nuestros cultivos y de nuestras cuerpas. Nosotras hemos acuerpado la situación política por la que atravesamos. Hemos definido que nuestro cuerpo es un territorio; que el cuerpo es el primer territorio y ni la tierra ni nuestro cuerpo son ni será nunca más un territorio de conquista. En el movimiento feminista inclusive hemos llegado a pedir aborto libre y gratuito, hemos acuerpado la situación política por la que atravesamos. La violencia obstétrica, abortaremos la salud patriarcal, porque las violencias no se viven para todas por igual, no estamos hablando de equidad de género, no estamos hablando de igualdad para todas, porque no todas somos iguales. Algunas habitamos privilegios que otras no los tienen, es por esto que es necesario que nuestro feminismo sea de clase, no nos vamos a dejar engañar por el feminismo liberal que el capitalismo nos quiere hacer consumir.

Hoy como feministas nos encontramos en la posición de cuestionarlo todo, somos mujeres disidentes sentipensantes que reconocemos los diferentes tipos de violencias según los espacios patriarcales, tales como son la violencia intelectual de las universidades, los partidos políticos, o los paupérrimos contratos laborales a los cuales podemos acceder, eso es inaceptable.  Cada espacio patriarcal debe ser deconstruido, cuestionado y destruido. Si quisiéramos como sociedad cambiar realmente los paradigmas de opresión deberíamos repensar en todas las formas de precarización de la vida.  Nosotras lo visualizamos en tanto mujeres y cuerpas en disidencia en el capital.

Qué se vayan los pololos

Este domingo 8 de marzo fue histórico por la seriedad que le hemos puesto a nuestra lucha política, a pesar de que muchos hombres en colaboración de mujeres, tal como la ministra plá, se han venido burlando de nuestras demandas, nos han visto como pequeñas rebeldes, pero esto duele, esto se llora, pero también se llena de rabia, de acción y se vuelve a renacer; ese es el sentimiento que tenemos las feministas movilizadas desde el super lunes y mucho más.  No ha sido fácil reencontrarnos, no ha sido fácil asumir la desigualdad y la violencia de género y combatirlo, pero ahí estuvimos aplaudiendo a la compañera que se subió al caballo de Baquedano en la ex plaza Italia ahora plaza dignidad, ahí estuvimos vibrando de emoción con la bandera negra que tapaba entero a Baquedano. Sin embargo, para nosotras sigue siendo pesado el nivel del debate donde nos quieren encasillar los medios de comunicación y una parte de la sociedad; se nos cuestiona por el separatismo, cuando es esa la forma o el modo que nos ha permitido sanar, reparar, recuperar nuestras relaciones con nuestra cuerpa y compañeras/es. Somos muchas las que consideramos que no es el fin en sí mismo, que buscamos fórmulas que nos permitan la disputa de poder en los espacios mixtos, que nuestras voces disidentes sean parte fundamental de este proceso político que estamos viviendo, pero no vamos a dar explicaciones de nuestras decisiones separatistas; estas decisiones que han sido tomadas en espacios de confianza con nuestra asambleas y grupas que tanto queremos y respetamos.

La sociedad está aprendiendo del feminismo, y los que ejercen la violencia patriarcal a diario, ¿Por qué cuestionar tanto hacia afuera y no mirarse hacia adentro? ¿Es que acaso no entienden lo que significa el día internacional de la mujer trabajadora? Sin duda no es una fiesta; es un día donde conmemoramos nuestras luchas, es un día de memoria viva, de hacer el ejercicio de rescatar nuestras ideas en tanto mujeres y disidencias feministas, además de visualizar nuestro futuro, porque como muchos femicidas debieron pensar que no nos merecíamos un futuro, ¡error! estamos vivas, luchando por las que se fueron sin poder gritarle al estado violador que era un macho opresor.

Cómo Asamblea Feminista nos hemos organizado para luchar contra el patriarcado en nuestras casas, barrio y asambleas territoriales, así como también hemos impulsado el feminismo de la revuelta. Es por esta razón que reivindicamos “la funa” como una herramienta histórica y política del movimiento feminista para evidenciar y denunciar las violencias estructurales e históricas de la clase política capitalista sobre nuestras vidas, así como también otras herramientas necesarias para denunciar, accionar y protegernos tanto como mujeres y disidencias; necesitamos estar unidas/es contra este sistema mundial opresor que ha violentado nuestras vidas.

Seguiremos en las calles, en las plazas, en las asambleas, seguiremos juntas/es y accionando. Las mujeres y disidencias feministas no estamos de paso; vinimos a quedarnos.