Valeria Carrasco y María Teresa Almarza son integrantes del movimiento de Mujeres en Zona de Sacrificio en Resistencia Quintero-Puchuncaví *

Las Mujeres de Zona de Sacrificio en Resistencia somos una organización conformada principalmente por mujeres habitantes del territorio Quintero-Puchuncavi quienes, cansadas de ver el poco movimiento social en torno a la situación medioambiental que vivimos, decidimos tomar el timón para desafiar a quienes son los responsables de este gran proyecto contaminante que es el Complejo Industrial Las Ventanas. Por eso nos reunimos diferentes compañeras con multiplicidad de experiencias previas en otras organizaciones ambientales, culturales y políticas, desde las cuales creamos un caudal y capital político/cultural fundamental para el buen desarrollo de la organización, pues a partir de nuestras experiencias hemos podido definir nuestra hoja de ruta que nos direcciona para navegar el difícil camino de la visibilización de la injusticia ambiental en las zonas de sacrificio.

Nuestras acciones como activistas socioambientales parten de la certeza de que en la Bahía de Quintero, las dos comunas que la forman, Puchuncaví y Quintero, constituyen una Zona de Sacrificio, quizá la más depredadora de todas las que existen en el país y que representan un gravísimo caso de injusticia ambiental y de violación sistemática de derechos humanos. Entre ellos, centralmente, el derecho a la vida digna y libre, el derecho a la salud de calidad y el derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación ¡El que está inclusive establecido en la Constitución vigente!

Una Zona de Sacrificio es un lugar en el que ha habido despojo de nuestros derechos fundamentales al habitar este territorio, en el que hay gente que es sacrificada por no tener las herramientas para defenderse, y hay quienes por la ambición de acumular capital o poder se transforman en sacrificadores de vidas.

Las empresas del Complejo Industrial de Las Ventanas arrojan suciedades altamente tóxicas derivadas de sus procesos productivos, al aire que respiramos, al mar en que nos bañamos o al suelo donde juegan nuestros niños y niñas, en una actitud francamente irresponsable y reprochable que es y ha sido permitida y avalada por los Gobiernos de Chile por más de 50 años y por todo el Estado en su conjunto. Aquí estas empresas simplemente arrojan sus desechos contaminando el territorio de una manera devastadora, violentando a la población con total impunidad.

Nosotras planteamos que el problema de fondo, no solo para nosotras, tal vez para gran parte del planeta, es el Modelo Político Económico Extractivista, como opción de sistema productivo, tan irrespetuoso con la naturaleza y la vida humana. Para lograr la instalación de este Modelo Productivo, se ha venido ejerciendo violencia social y política sobre la población hace varias décadas. Y esta violencia política se ha sustentado y se respalda en las relaciones de poder y relaciones sociales existentes en Puchuncaví y Quintero.

Entre los tipos de relaciones que podemos distinguir se destacan la cooptación ejercida desde las poderosas empresas hacia personas u organizaciones que postulan a ciertos beneficios o proyectos financiados, todo lo cual contribuye a construir un marco de influencia de unas sobre otras, creándose relaciones de dominación y sumisión, entre estas entidades empresariales y la población. Esta influencia alcanza hasta instituciones como el municipio, establecimientos educacionales, juntas de vecinos, clubes deportivos, clubes de adulto mayor, entre otros, produciéndose una especie de relación de dependencia de personas, instituciones y organizaciones respecto del Complejo Industrial Ventanas. De esta manera con el correr del tiempo se fue construyendo una cultura de subordinación y silencio.

Una de nuestras principales victorias, sin embargo, es que ya no andamos solas, hemos ido tejiendo redes con otros territorios, otras mujeres y organizaciones, en la lucha por la justicia ambiental. Hemos tratado de a poco, ir revirtiendo estas relaciones de poder, un poquito, al estilo David y Goliat ¿Y cómo lo hemos hecho? de distintas maneras, de alguna forma dejando que la historia suavemente nos vaya indicando los caminos y senderos que se nos abren, o que debemos, claramente nosotras crear, inventar.

El estallido social en una zona de sacrificio

Desde el 18 de octubre en adelante, la situación de Chile cambió, pues ingresamos bruscamente a una crisis social de vasta magnitud, la que emergió en todo el país y en cada uno de nuestros territorios, logrando alcanzar un gran movimiento social de las comunidades ante la injusticia social de la que hemos sido víctimas por muchos, muchos años. Los chilenos y chilenas ya no soportaron más desigualdad e inequidad. El colapso del sistema estuvo sobre nuestras cabezas por mucho tiempo, y lo veíamos reflejado en nuestro diario vivir, cuando en nuestras comunas la gente debe pagar uno de los pasajes más altos de la región para trasladarse a los centros urbanos o cuando en los centros de salud de Quintero y Puchuncavi no hay insumos básicos para una buena atención de la gente.

La vida se ha hecho precaria en los más diversos ámbitos, falta de acceso a trabajos dignos, y en caso de acceder a algún puesto laboral, las condiciones contractuales son precarias y con frecuencia, indignas. El monto pobrísimo de las pensiones, el gran negocio de las AFP que otorgan a los jubilados pensiones ínfimas, el abuso en infinitas situaciones desde empresas y centros de poder sobre la gran mayoría de la ciudadanía.

A partir de todo lo que hemos hablado, sabíamos que no podíamos quedarnos como espectadoras, y empezamos a movernos para organizar y concretar Cabildos Socioambientales en la comuna de Puchuncavi, participando además de varios otros cabildos de las 2 comunas, organizados desde instancias diversas de la sociedad civil y también en Diálogos Ciudadanos organizados por el Municipio. Los contenidos en los distintos cabildos en los que hemos participado, desde las demandas sociales, relevan lo que otras zonas del país han exigido, que las pensiones sean dignas, el fin de los abusos y de las AFP, la salud a un nivel de calidad y dignidad en sus diversos componentes. Mientras que el Cabildo Socioambiental que nosotras organizamos, exige centros especializados en salud para las enfermedades ligadas a la contaminación, exámenes toxicológicos para la población de las dos comunas, respeto a las normas de la Organización Mundial de la Salud para el funcionamiento de las empresas, cierre de la Fundición de Codelco y de las 4 termoeléctricas a carbón de AES Gener.

También hubo consenso en modificar el Plan Regulador Metropolitano de Valparaíso (PREMVAL) para que no sea instalada ninguna empresa más ni se expandan las empresas ya existentes, y que las 750 hectáreas remanentes del parque industrial sean dedicadas a áreas verdes y reforestación con árboles nativos.

Pensamos que esta crisis ofrece una gran posibilidad de transformación importante de la sociedad chilena, una transformación significativa, con posibilidades de revertir la desigualdad y hacer de Chile un país más justo y genuinamente democrático. Por eso es que participamos activamente en el movimiento social, con mucho trabajo en el territorio, en nuestras localidades.

Pensando en las acciones realizadas y las que vendrán, creemos que somos capaces junto a compañeras y compañeros, de generar cambios significativos, que de verdad sirvan a nuestra gente en estos territorios, también al planeta y a la humanidad de la que somos parte. Por ahora creemos que es fundamental que el gobierno de Chile entienda que las zonas de sacrificio son el claro reflejo del modelo económico de devastación, inequidad y desigualdad instaurado.

Desde esta convicción exigimos la total reestructuración de las instituciones supuestamente involucradas en la defensa del medio ambiente: Ministerio, Superintendencia, Sistemas de Evaluación Ambiental; todas para una re-orientación ética, que opten por el bien común y no el lucro de las empresas, de las cuales las autoridades han sido cómplices por más de 50 años.

No aceptamos más la apropiación sistemática de los bienes comunes, agua, aire, mar, suelos, que dañan a la población y destruyen el ecosistema. No queremos más sus tóxicas porquerías en nuestros territorios. ¡No descansaremos mientras se siga viviendo esta injusticia ambiental!

*Esta columna es un extracto del artículo del mismo nombre publicado por las autoras en el libro Feminismo Popular y Territorios en Resistencia: La lucha de las Mujeres en la Zona de Sacrificio Quintero – Puchuncaví, como parte de un proyecto desarrollado por Fundación Emerge con el apoyo de la Fundación Heinrch Böll.