Por Marianela Aravena, de Fundación Emerge


La automatización es la denominación usada para referirse a la forma en que la tecnología reemplaza la mano de obra del hombre al momento de generar una acción que significa producción. Es un fenómeno que ha estado en constante crecimiento, desde el proceso que muchos han denominado la cuarta revolución industrial, donde el gran protagonista es la irrupción de la internet, la masificación del computador y los dispositivos informáticos.

En efecto, repensar el avance de la tecnología en la producción y reproducción social, debe ser un elemento fundamental para las estrategias de las izquierdas del siglo XXI, actualizando la mirada respecto a las llamadas funciones físicas o manuales como representantes de los explotados (como el tradicional obrero de la construcción, el minero o un o una trabajadora industrial) y, especialmente, superando la división clásica entre trabajo manual y trabajo intelectual, que concibe a este último como un tipo de ocupación de los privilegiados en el ámbito laboral.

No obstante, el trabajo intelectual es la actividad que más tiende aumentar y masificarse en un proceso de automatización como el que estamos experimentando actualmente ¿Entonces sigue siendo el trabajador manual el explotado o la explotación se extiende a los trabajadores intelectuales?

En respuesta, como se ha venido sosteniendo, con la automatización la explotación capitalista se extiende a las y los trabajadores intelectuales, a los que se los concibe como otro grupo de sujetos a quienes rentabilizar su trabajo, obteniendo como ganancia la extracción de la mayor cantidad de conocimientos y competencias en un tiempo determinado, ya sea desarrollando o manejando un software, creando y analizando bases de datos y otras labores similares que en muchos casos se extienden más allá de lo planificado (y que recuerda la frase de principios del proceso de la revolución industrial “el tiempo es oro”). El aumento de la matrícula en la educación superior (pregrado) cuyos grados académicos no significan un mayor estatus, ni movilidad social, ni un eslabón superior de la pirámide es un ejemplo de lo anterior.

Avanzamos hacia un/a trabajador/a intelectual que será mayoritario/a producto del aumento de la automatización y sus implicancias, y de la disminución del valor de su trabajo en relación a la masificación de los estudios universitarios; en tanto que el/la trabajador/a manual se verá fuertemente reducido/a hasta ser casi inexistente en un futuro próximo. En efecto, mientras más avance el siglo XXI, la y el trabajador intelectual serán quienes tengan las mayores capacidades para ingresar al mercado laboral, a costas de llevar sobre sus hombros, abultados créditos universitarios, trabajos precarios, sin un contrato fijo y probablemente con largos períodos de cesantía.

En concreto, el presente obliga a trabajadores y trabajadoras de toda índole a asumir su condición de explotación, lo que implica empezar a cuestionar la tesis nacida desde varios intelectuales de izquierda, con buenas intenciones, que hablan de que Chile actualmente es un país de clase media, distinta a la del siglo XX, más bien heterogénea, donde la más precarizada sería la clase media ligada al sector terciario, mientras que los sectores medios acomodados serían las clases gerenciales (1).

El problema de este tipo de análisis, es que deja de lado, los conceptos básicos para definir el rol del trabajador dentro de una pirámide social. Esto se debe a que muchos de los sectores que tradicionalmente son considerados como “medios”, en realidad son asalariados y son explotados. Por ende, son parte de los sectores “más precarizados” de la sociedad, perteneciendo a la parte más baja de la estructura de clases, alcanzando casi un 75%, mientras que la clase media asalariada que ejerce roles de explotación, pero a la vez es explotada, alcanza un 18,6% del total de ocupados (2).

En consecuencia, la mayoría de la población si bien sigue teniendo características heterogéneas (en relación a cultura, rubros de trabajo y estudios), está en la parte inferior de la pirámide. Los más predominantes son trabajadores y trabajadoras del sector terciario, donde muchos tienen carreras universitarias, inclusive postgrados, pero con trabajos sumamente precarios ¿Cómo se explica la constante irrupción de organizaciones de investigadores de postgrados? Muchos de ellos con trabajos precarios, ejecutados previo pago de boletas de honorarios, mientras el financiamiento y el encontrar un empleo ligado a la investigación es un imposible, a tal punto que existe un elevado índice de desempleo en este campo. 

Asumir estas consecuencias de empobrecimiento del trabajo intelectual, mata el mito relacionado con que a mayor nivel de educación, mayor estabilidad laboral o bien con mayores posibilidades de ubicarse en un estrato social medio de la pirámide social. Para serlo, tendrían que ser explotados y explotadores a la vez, tal como los cargos de jefaturas o gerencias dentro de una empresa o trabajadores con un contrato estable, con una jerarquía alta dentro del mundo público. Sin embargo, la mayoría de los trabajadores que ejecuta roles de un trabajo intelectual, alejado del trabajo manual, son asalariados, y por tanto, son explotados.

Sumado a lo anterior, el neoliberalismo avanzado, debido a la precarización laboral, promovió el aumento de la subcontratación, el fomento a empleos temporales, ya sea por medio de boletas a honorarios o contratos a plazo fijo o por faena, lo que hace que las condiciones laborales ligadas a los procesos de automatización se complejizan aún más, siendo la precariedad laboral la regla a seguir para todo tipo de trabajador asalariado.

Por otra parte, la tecnología seguirá aumentando, al igual que la virtualidad, más aún como consecuencia de la pandemia. Está siendo un requerimiento para el trabajador del siglo XXI manejar y dirigir la máquina, reemplazando, de esta forma, las funciones que antiguamente ejercía el trabajador manual. Un ejemplo de esto es la irrupción de cajeros automáticos en las “nuevas” líneas de metro, las que dan vuelto exacto sin problemas e inclusive aceptan tarjetas bancarias. 

Este nuevo escenario obliga a generar alianzas de trabajadores explotados-heterogéneos, que ejercen distintas funciones en la sociedad, desde el obrero industrial, pasando por las y los trabajadores del retail, por las organizaciones de trabajadores honorarios y los trabajadores y precarizados dedicados a la investigación y a la tecnología, entre otros. Todos y todas son trabajadores y deben reconocerse entre sí, el trabajador intelectual dejó de ser un privilegiado y ahora es parte de la masa, es sujeto de explotación por medio del avance de la tecnología, por tanto, es un sujeto que tiene todo el derecho de organizarse, como otro trabajador explotado, porque también vive y padece los vejámenes de la eterna contradicción de los medios de producción. RPS


Referencias

(1) Uno de los intelectuales que pregona la hegemonía de la clase media, en el neoliberalismo avanzado, la que es diversa y heterogénea, son las investigaciones de Carlos Ruiz E., quien explica de buena forma como este sistema económico fue penetrando en el día a día del chileno común.

(2) Pérez, Pablo. “Clases sociales, sectores económicos y cambios en la estructura social chilena entre 1992 y 2013”. Revista de la CEPAL (126): 171 – 192, diciembre de 2018. Pág. 182.