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    Editoriales

    LA NUEVA NORMALIDAD Y EL FRENO DE EMERGENCIA

    Se pregunta Walter Benjamin en su obra “Sobre el concepto de historia” respecto a qué es la regla y qué es la excepción en la historia o tradición de los oprimidos. Los sectores dominantes instalan el “Estado de excepción” como feroz respuesta represiva ante cualquier atisbo de sublevación de los oprimidos, aunque realmente aquello que se ha denominado “excepción” en la tradición histórica de los oprimidos, no es sino la “norma” y la “constante”.

    El llamado a la “nueva normalidad” y el “retorno seguro” que realiza el gobierno de Piñera en momentos de crisis sanitaria, dentro de un escenario marcado por el estallido social iniciado el 18 de octubre pasado, recuerda esta idea de Benjamin, retomada luego por Giorgio Agamben, de utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno. No en vano las restricciones a la movilidad, los toques de queda y los militares en las calles se han hecho costumbre desde que comenzaron las revueltas el año pasado.  

    La burda retórica del “enemigo poderoso e implacable” que majaderamente ocupa Piñera cada vez que necesita identificar una supuesta amenaza a la “normalidad” pareciera ser, sin embargo, la proyección de quien cree ver en los demás los defectos propios. Como el estafador que cree que todos son de su condición.

    La intensificación de las lógicas represivas es un indicador más de que estamos ingresando de manera acelerada a una nueva etapa histórica. Los sistemas políticos se encuentran en una fase de descomposición. El neoliberalismo, al menos desde su posición ideológica, atraviesa por un quiebre. Las personas se plantean ahora si acaso no hacen falta políticas estatales más fuertes y con mayor intervención en sectores clave como la salud, la educación y la seguridad social, entre otras.

    Asistimos a una redefinición de las soberanías (¿sirve externalizar el conocimiento científico y los insumos médicos ante emergencias de este tipo?) así como también  una redefinición de la esfera pública y privada, especialmente ante la profundización del teletrabajo y las tecnologías de comunicación durante la pandemia (¿es actualmente el hogar una frontera?).

    El coronavirus probablemente no vencerá al capitalismo, aunque sí esta crisis redefinirá las condiciones del mismo. ¿Quiénes redefinirán estas condiciones? Seguramente desde los sectores dominantes vendrán nuevas formas de consolidar una hegemonía de nuevo cuño para la sociedad que viene.

    Es hora que las resistencias anticapitalistas se atrevan a disputar en serio esta nueva realidad, aprovechando la semilla del “otro mundo posible” que ha sido plantada. Esa que demanda urgentemente una nueva relación entre las personas, y un nuevo vínculo entre ellas y el medioambiente, ante el colapso que plantea un desarrollo capitalista sin freno. Ante la vertiginosa velocidad con la que se intensifican las formas de opresión y de explotación de los pueblos y los territorios es posible que, como señala Benjamin, la revolución pueda ser el acto de accionar los frenos de emergencia de la historia.